Las organizaciones de todo el mundo necesitan un sistema que les permita coordinar y ejecutar las tareas en beneficio de los clientes. Pero cuando nuestro sistema de organización se vuelve obsoleto, complejo o crea brechas entre colaboradores separándolos en grupos de “primer” o “segundo” nivel, debemos hacer algunos ajustes.

Las Formales

Todos conocemos el famoso organigrama, un diagrama que refleja el “puesto” y el «nivel» al que pertenece cada colaborador. Encabezado por los socios o accionistas, luego la junta directiva, el CEO, los ejecutivos, y de ahí dependiendo del tamaño de la empresa vienen los líderes de cada equipo.

El organigrama piramidal es el más popular y aunque hay otros intentos de mostrar la pirámide, la base es la misma, una cabeza y así, en cascada, una línea de mando que puede extenderse por decenas de “peldaños”.

Pirámides

Estos organigramas tradicionales son tan antiguos como las pirámides egipcias, reservando la cima para una especie de deidad o superhumano que está a cargo, y los demás son solo piezas intercambiables en este sistema.

Los niveles de la base, que finalmente sostienen toda la estructura no reciben la importancia que merecen, como que mientras más abajo esté uno, menos valor tiene para la organización en general.

Informales

Aparte, se crean dentro de la empresa jerarquías informales por la antigüedad, título del cargo, expertise, etc, etc. Generando una línea de mando alterna que deja las estructuras formales en un segundo plano.

¿Por qué se genera? Porque la organización no ve útil ni funcional el organigrama tradicional y la respuesta inconsciente es la creación de esta nueva forma de trabajo y comunicación donde el flujo de información fluye de otra manera.

¿Por qué están mal?

Las organizaciones actuales tienen que responder rápidamente a un entorno cambiante. Debe mantenerse ágil y dinámica, no como una bestia lenta y gigante donde para comprar un bolígrafo debemos llenar 5 formularios, pedir permiso a 3 personas y dejemos de ser competitivos.

Lo peor para mí, es transmitir este mensaje de que mientras más arriba estás en el organigrama “vales” más que otras personas, olvidando que sin esos colaboradores no habría organización.

Siempre repito que nadie tiene derecho de tratar mal a otra persona solo por su título académico, el de su cargo, su apellido o su posición en la escalera.

Las pirámides transmiten un mensaje de subordinación, cuando en realidad, el líder se debe a su equipo y su rol es eliminar obstáculos que eviten que se llegue a las metas.

Anarquía

Tampoco vayamos al extremo de remover todo mecanismo de organización, asignación de equipos y canales de comunicación. Hacerlo resultaría en desorden que afectaría negativamente la experiencia para el cliente final.

Nuevas Formas

Hay nuevas formas más ágiles y equitativas de distribuir el poder entre las personas. Hay organización por proyectos, pequeños equipos de trabajo, evaluaciones a los líderes, y un sinfín de opciones de las que hablaremos más adelante.

Pero no es la forma, sino la intención detrás de la “estructura”. Si en nuestra mentalidad está el chip de la subordinación, de crear brechas entre los de “arriba” y los de “abajo”, de dividir para dominar, de promover la competencia despiadada para que solo “suban” los “mejores” entonces ninguna estructura nos servirá.

El organigrama es el reflejo de nuestra mentalidad, de nuestras creencias como líderes, hace años cometí el error de empezar un cambio por el organigrama, y aunque fue simbólico, lo que debió haber cambiado primero fue la intención detrás de ese sistema.

Te deseo lo mejor.

Buena caza guerreras y guerreros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *