La esperanza es un sentimiento vital, para enfrentar las adversidades y superarlas.

Filósofos como SÓCRATES, PLATÓN y ARISTÓTELES, consideraban que la esperanza era un sentimiento necesario para el ser humano, y que, sin esperanza, no se puede vivir una vida en plenitud. 

«La esperanza es un motor que nos lleva a lo impensado, a lo que no se ve»

En la filosofía existencialista, la esperanza es una elección que tomamos, en medio de la desesperación y la falta de sentido. Nos permite seguir adelante y encontrar un propósito en la vida.

En la filosofía cristiana, la esperanza se entiende como una virtud, que nos permite confiar en la bondad y la providencia del Dios supremo. Esta confianza nos da la fuerza para enfrentar las dificultades, y mantener la fe en momentos de incertidumbre y gran presión.

Como podrán ver, incluso la filosofía existencialista, le concede todo el poder que se merece a la esperanza. Definitivamente, no hay nada negativo en la esperanza. Todo lo que podemos decir, pensar, hablar, reflexionar o incluso, filosofar acerca de la esperanza, es completamente positivo.

Según las escrituras, la esperanza no nos defrauda, «porque fiel es el que hizo la promesa»

Creas en lo que creas, más allá de nuestro origen, el poder de la esperanza trasciende todas las creencias. Incrementa nuestra confianza, nuestra autoestima, y nos permite ver un futuro con optimismo. Nos da fuerza, paz, motivación y coraje.

Si mantenemos la esperanza más allá de los crudos momentos de la vida, la esperanza puede ser poderosamente transformadora, sanadora, y cambiar por completo nuestras realidades.

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CON QUÉ ALIMENTAS TU MENTE

Seguramente habrás escuchado a personas hablar con frases conformistas como: “es lo que me tocó” “es el gobierno que tenemos” “es el mejor trabajo que pude conseguir” “el médico me lo advirtió”

O podemos imprimirles sarcasmo a las declaraciones y mencionar algunas como: “se supone que esta es la esposa que Dios me dio” “la familia no se elige” 

¿Quieres algo más tajante?

“Este matrimonio siempre estuvo condenado al fracaso”

¡Vaya! Cuando nos preguntamos porque les va mal a ciertas personas, solo hace falta escucharlas un poco de afuera. ¿No es cierto?

Hemos mencionado en este canal, que las palabras no son inocentes. Que, si dices algo, por algo esa frase salió de tu boca. Ni siquiera, los actos fallidos son actos fallidos como tal, si lo piensas así. Tal vez, sean la expresión más sincera que un humano puede hacer.

Mientras más contaminada esté tu mente, más van a abundar estos pensamientos basura que son los que atentan contra tu corazón y tus sentimientos.

¿Con quién te juntas? ¿Con quién hablas? ¿Qué lees? ¿Qué miras? ¿A quién miras? ¿A quién no miras? ¿A quién escuchas? ¿A quién no?

Estas simples preguntas pueden servirte para que te des cuenta, a quien le dejas la puerta abierta. Donde hay lugar para pensamientos y emociones tóxicas, no hay lugar para pensamientos positivos, ni mucho menos para sentimientos como la esperanza.

Parece algo cotidiano que los seres humanos simplemente nos acostumbramos a llenar nuestra mente y corazón de cosas que atentan contra nuestra familia. Si sabemos que es tan perjudicial, ¿Por qué lo hacemos?

Imagínate una pareja de novios que recién comienzan, y van al supermercado con la siguiente lista: una dosis de envidia, un paquete de desconfianza, un rollo de celos, una cuota de sarcasmo, algo de ironía, una buena cantidad de lujuria, y un paquete hermético de infidelidad.

¿Lo imaginan? Más allá de las metáforas, cuando nosotros dejamos abiertos los portales que no nos convienen, estamos “adquiriendo gratis” ciertos productos que pueden ser terminales para nuestra familia. ¿Por qué lo hacemos si es perjudicial? ¿Por qué un cardiólogo fuma si sabe que es perjudicial? ¿Extraño no? La inteligencia la tiene, no hay dudas, su título lo demuestra…pero, hay un ingrediente que todos tenemos que tener más allá de nuestra inteligencia: LA SABIDURÍA.

Un cardiólogo sabio, no fuma. Un padre responsable, no fuma. Un esposo sabio no le trae disgustos a su esposa de 5 meses. Y luego del nacimiento, tampoco lo hace.

Una mujer sabia, le pregunta a su novio “Como se siente” y luego de 10 años de matrimonio, hace la misma pregunta con la misma intención. ¿Cómo te sientes?

Muchas veces pensamos que la sabiduría es para pocos, pero en las decisiones pequeñas y acertadas, encontramos sabiduría. Hablar con un abuelo sobre su historia, sus conocimientos y respetar las arrugas, es para sabios.

Si quieres tu mente, tu corazón y tu alma llenas de sabiduría, pasa una tarde entera con tu abuelo, pregúntale a tu novio cómo se siente, toma la sabia decisión de dejar el cigarrillo. El camino del sabio, comienza por pequeños detalles.

Déjale lugar a las cosas buenas como la esperanza. Sé sabio y recuerda, las cosas buenas, nunca mueren.

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¿Qué opinas de la esperanza? ¿Cuál es el motor de tú vida?

¡Te leemos!

¡Hasta la próxima!

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